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Full text of "Una muger [i.e. mujer] literata : comedia original, en tres actos y en verso"

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í'ilÍD^ 




galería dramática 



DE 



DO]^ MAl^UEI. PEDRO DEEGADO, 
en lladrid, calle de «fesus y Maraa, ii.° 4. 



-o-o-o-oí>-C-0-c>-c-p- 



COMPRENDE 

MUCHAS Y BUENAS OBRAS DE TEATRO ^ 

ESCRITAS POR AUTORES PE CONOCIDA REPUTACIÓN, 



i 





SE VENDEN AL POR MENOR EN BIADSID 

librerías de Cuesta y Rios. 

Y en las 'provincias , á la vuelta se citan. 



^^füjaüj: 




CATÁLOGO DE LAS COMEDIAS QUE CONTIENE ESTA GaLEUÍA, 

puJ)licadas hasta i." de Febrero de 1858. 

Abadía de Castro.-— Abuelito. — Abj^ielo. — Abuela. — A cazar me vuelvo. — Acertar t 
Acción deVillalar. — Adel elZegrí. — Adolfo. — Afán de figurar. — Ala una. — Ala Zorra ca 
Alberoni. — Alberto. — Alcalde Ronquillo.— Al César lo que es del César. — A lo hecho p| 
fonso el Casto. — Alfredo de Lara. — ^Alfonso Munio. — Alonso Cano. — Amante prestado.-; 
de Teruel.— Ambición.— Ambicioso.— Amigo en candelero. — Amigo mártir. — Amocriac; 
de madre. — Amor de hija. — Amor y deber. — Amor y nobleza. — Amor y amistad. — Ai 
sus agravios. — Amoríos de I790. — Angelo. — Ango. — Antony. — Antonio Pérez. — Apotec 
deron. — Aragón y Castilla. — Ardides de un cesante. — Ario revuelto. — Arte de conspi 
de hacer fortuna. — Astrólogo de Valladoiid. — Atrás. — Aviso á las coquetas. — A un co 
mayor.— Aurora de Colon.— Ayuda de cámara. — Anillo de la duquesa. — Arte por el 
Amores á nieve. — Amar sin dejarse amar. ; 

Bachiller Mendarias. — Baltasar Cozza. — Bandera blanca. — Bandera negra. — Bárl! 
berg. — Barbero de Sevilla. — Bastardo. — Batelera de Pasages.— Batilde, ó América libr 
cas. — Blanca de Borbon. — Beltran el napolitano.— Bodas de doña Sancha. — Borrasca 
zon. — Bruja de Lanjaron. — Bruno el tejedor. 

Caballero de industria. — Caballero leal.— Caballo del rey don Sancho.— Cada cual 
zon. — Cada cosa en su tiempo. — Calentura. — Calígula. — Calumnia. — Campanero de í 
Capas.— Capitán de Fragata. — Carcajada. — Carcelero.— Carlos II el hechizado.— Cárloi 
frin. — Casada, virgen y mártir. — Casamiento nulo. — Casamiento sin amor. — Casamien 
noche. — Cásate por interés. — Castigo de una madre. — Castillo de S. Alberto.— Casualid 
talina de Médicis.— Catalina Howar. — Cazar en vedado. — Cecilia la cieguecita. — Ceh 
infundados. — Cerdan, justicia de Aragón. — Chiten. — Cisterna de Albi. — Club revoiuc 
Cobradores del banco. — Coja y el encogido. — Colegialas de Saint-Cy r. — Colon y el judío 
Cómicos del rey de Prusia. — Comodín. — Compositor y la estrangera. — Conde don Juli 
juracion de Fiesco. — Conspirar por no reinar.— Con amor y sin dinero. — Contigo pany 
Copa de marfil. — Corazón de un soldado. — Corsario. — Corte del Buen Retiro, i." parí 
del Buen Retiro, 2." parte. — Corte de Carlos II. — Cortesanos de don Juan II. — Crisol dek 
Cristiano, ó las máscaras negras. — Cristóbal el leñador. — Cromwel. — Cruz de oro. — ' 
acaba el amor. — Cuarentena. — Cuarto de hora. — Cuentas atrasadas. — Cuidado con las 
Cuñada. — Cuna no dá nobleza. — Celos de un alma noble. 

Daniel el tambor. — Degollación de los inocentes. — Del mal el menos. — Desban. — 1 
do. — Desengaño en un sueño. — Detrás de la cruz el diablo, — De un apuro otro mayoi 
Cojuelo. — Diamas feliz de la vida. — Diana de Chivri. — Dios, mejora sus horas. — Dios 
ellos se juntan. — Diplomático. — Disfraz. — Disfrácese media noche. — Dómine consejero 
varo de Luna.— Don Alvaro ó la fuerza del sino. — Don Crisanto. — Don Fernando el dt 
ra. — Don Fernando el Emplazado. — Don Jaime el Conquistador. — Don Juan de Aust 
Juan Tenorio. — Don Juan de Maraña. — Don Rodrigo Calderón.— Don Trifon, ó todo pe 
ro. — Don Juan Trapisonda. — Doña Blanca de Navarra. — Doña Gimena de Ordoñez. — I 
de Molina. — Doña Mencía. — Doña Urraca. — Dos amos para un criado. — Dos hijas ca; 
Dos doctores. — Dos coronas. — Dos validos. — Dos celosos. — Dos granaderos. — Dos p; 
una hija.— Dos solterones. — Dos vireyes. — Dos venganzas y un castigo. — Dos tribunos. 
y compañía. — Duque de Braganza. — Duque de Alba. — Duquesita. — Dote de María.r-i 
ga sin palo. — Duende del mesón, zarzuela. / 

E. H. — Eco del torrente. — Editor responsable.' — Egilona. — Elisa, ó el precipicio.— 
casa por todo pasa. — Elvira de Albornoz. — Ella es. — Ella es éí. — Ellas y nosotros.— 
Empeños de una venganza. — Encubierto de Valencia. — Encantos de la voz. — Enga; 
verdad. — Entremetido. — Entrada en el gran mundo. — Ernesto. — Errores del corazon.- 
de mano. — Escuela de las casadas. — Escuela de las coquetas. — Escuela de los periodi: 
cuela de los viejos. — Espada de mi padre. — Espada de un caballero. — Españoles sob 
Estaba de Dios. — Está loca. — Estrella de oro.— Errar la vocación. — Es un bandido.— 
y ambición. — Escomulgado. — El diablo está en todas partes. — En palacio y en la calle, 
(iel siglo de las luces. — Espulsion de los jesuítas. — Escuela de las amigas. — Espiacion di 

Fabio el novicio. — Familia del boticario. — Familia de Falklan. — Familia improvisatl 
tico por las comedias. — Farsa, ó mentira y verdad. — Felipe. — Felipe el Hermoso. - 
Mairena. — Fernan-Gonzalez, 1." parte. — Fernan-Gonzalez, 2." parte. — Finezas contra 
Flaquezas ministeriales. — Flavio Recaredo. — Fioresinda. — Fortuna contra fortuna.— 
de León.— Frenología y magnetismo.— Frontera de Saboya.— Función de boda sin bod< 
peranza y osadía. 

Gabán del rey.— Gabriel. — Gabriela de Bellelsle. — Galán duende. — Ganar perdiend 
laso de la Vega. — Gaspar el ganadero. — Gastrónomo sin dinero. — Gata mujer.— Genovr 
dolero. — Gran capitán. — Gi-umete. — Guante de Coradino.^ — Guantes amarillos. — Guil! 
man. — Guillelrao Tell. — Guzman el bueno. — Gracias de Gedeon.' — Garras del diablo, ¿ 

Hasta el fin nadie es dichoso. — Hacerse amar con peluca. — Hermana del sargentí 
ni, ó el honor castellano. — Héroe por fuerza. — Heroísmo y virtud. — Higuamota. — Hi 
ro.— ÍRja cíel regente. — Hija, esposa y madre.— Hijo de la tempestad,— Hijo de la vi 



I UNA MÜGER LITERATA. 

EN TRES ACTOS Y EN VERSO , 
POR 

©• 3o&é Maiia entinte} ^e :aiba- 



^Representada por primera vez con general aplauso en 

el teatro de la Comedia, en la noche del 12 de Diciem- 

bre de 1850. 



-ÍEsta comedia ha sido aprobada para su representación 
por la Junta de censura de los teatros del Reino en 
15 de Noviembre de 1850. 




MADRID. 



IMPRENTA DE DON JOSÉ MARÍA REPOLLES. 

Enero de \^^i. 



PERSONAS. ACTORES. 



DOÑA JOSRFA. . . . , Doñtt Juatia Samanm/o. 

i^ucÍA Doña Josefa Hernández. 

Dors JüA^'. . . . . . don Joaquin Arjona, 

DOiN ANTorsio Doíi Enrique Arjona. 

«OQUE Don Manuel Nogueraf. 



La escena pasa en Madrid, en easa de don Juan. 



Esta comedia pertenece á la Galería Dramática, que 
comprende los teatros moderno, antiguo español y es- 
trangero, y es propiedad de sus editores los Sres. Del- 
gado Hermanos, quienes perseguirán ante la ley para 
que se le apliquen las penas que marca la misma al que 
sin su permiso la reimprima ó represente en algún tea- 
tro del Reino, ó en los Liceos y demás Sociedades sos- 
tenidas por suscricion de los Socios, con arreglo á la 
ley de 10 de Junio de 1847, y decretos Orgánico y Re- 
glamentario de teatros de 7 de Febrero de 1849. 



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http://archive.org/details/unannugeriennujerl25512guti 






U teatro representa una sala lujosamente amueblada: 
puerta al fondo, que conduce á la calle: otra á la iz- 
quierda del actor , que va á las habitaciones iwíd- 
riores. 

ESCENA PRIMERA. 

ROQUE. LUCÍA. 

Boque. El amo tiene la culpa 

de que ande todo en la casa 
manga por hombro. 
Lucia. No importa, 

{fiogwe. Importa mucho. Caramba! 
' Me dieron ya levantado 
las cinco de la mañana , 
y son las diez, y en ayunas. 
Lucia. Aguanté un poco. 
¡¡Roque. Malhaya!... 

Vamos, si tengo el estómago 
como el cañón de una flauta! 
¡Lucía. No piensa mas que en comer. 
¡Roque. Ya, como que tengo ganas. 
¡Lucia. Pues aguarde usted un poco. 

Pronto la señora acaba 
su cuotidiana lectura... 
i Roque. Y hasta entonces?... Anda, anda! 
Ten paciencia, tripa mia, 
si para allá me la guardan. 
Lucia. Qué dice el murmurador? 
Roque. Que es un portento esta casa. 
Dos años há que entré en ella... 



I 



ESCENA II. 

DICHOS. DON JUAN, COTl Utia Cürtü. 

Juan. Ya estás regañando, Roque? 

Roque. No señor, si era... 
Lucia. Es mentira. 

Roque. Mire usted, tengo una ira... 

Siempre hace que me sofoque. 
Lucia. Todo porque no ha almorzado. 

Roque. (Ap. No te tragara el abismo!) 
Juan. Pues hombre, yo estoy lo mismo, 

y ya ves que no me enfado. 
Roque. Usted se pasa de bueno. 

Es menester ser un santo... 
Juafi. Y tú riñes entre tanto 

por lo luyo y por lo ageno. 
Roque. {Ap. Las echara con la honda 

de mil demonios...) 
Juan. Escucha. 

Lucia. Siempre tiene hambre. 

Roque. Y mucha. 

Juan. Calla, iremos á la fonda. 

Roque. (A Lucía.) Otro gasto. 
Lucia. Y qué mas da? 

Roque. Este ya es mucho desorden. 

A fé que rica es la orden 

y pocos los frailes. 
Lucia. {Con desprecio.) Va! 

Juan. Di , Lucía , y tu señora? 

Lucia. Allá dentro: á lo que entiendo 

está en su cuarto escribiendo. 
Juan. Bien está. Yé sin de-mora. 

Dila que el encargo mió 

no olvide y salga peor; 

que yo voy al parador 

ahora á esperar á mi ti o. (Vase Lucía. 



Hoque. 



ESCENA IIL 

DON JUAN. ROQUE. 

Pues qué, viene don Antonio? 



Asi lo dice. {Mostrándole la carta,) 

Asi sea. 
Dios le inspira tal idea. 
Yo digo que es el demonio. 
Bien sabes tú que él ignora 
que me va á encontrar casado , 
y temo mas que al pecado 
al genio de mi señora. 
Pronto lo echará en olvido. 
Eso al fin lo hace cualquiera. 
Roque, Roque, y si supiera 
que estoy casi arrepentido ! 
No so abata usted por eso. 
Qué diablo ! no es un Nerón. 
Un regañillo y perdón; 
porque al cabo el preso es preso. 
No han de durar los enojos 
cien años. Pasando hoy... 
Y cuando sepa que estoy 
empeñado hasta los ojos ; 
que estos muebles no son mios? 
Si mañana me los piden 
y del cuarto me despiden... 
Roque, cuántos desvarios! 
Descuide usted ; él lo abona, 
y al fin todo se concilla. 
Qué será de mi familia, 
si el tio nos abandona ? 
Cuando pienso... con razón 
me aburro, y doy al demonio... 
Sabe usted que don Antonio 
tiene muy buen corazón ; 
y aunque un grave desatino 
cometió usted en casarse . 
ya no puede remediarse, 
y al fin usté es su sobrino. 
Luego, en viendo este desorden... 
sabiendo lo que aqui pasa... 
Mira, quédale tú en casa.' 
y pon las cosas en orden. 
Mi tio no es una fiera . 
y al cabo se apiadará. 



10 

A Dios, Roque: voy allá, 
y salga lo que Dios quiera. 
(Filie don Juan, y Roque se queda arreglando ¡os mue- 
bles.) 

,: ESCENA IV. 



ROQUE. 

Pues señor... bueno está el ajo ! 

Ahora si que será ella. 

Y que á mi también me aguarda 

una buena reprimenda.* 

El tal don Antonio tiene 

un genio, que si se altera... 

Es aragonés, y basta. 

Pero ¡quiá! si cuando sepa 

lo que aqui pasa, es preciso 

que se pongs hecho una fiera. 

Digo, y no es nada; qué polvo 

en las sillas y en las mesas... (Litnpiando. 

y él que es tan limpio... anda, anda! 

Pues señor, la hicimos buena. 

Cuando digo yo que hay cosas 

que el diablo no las inventa... 

Mas calla ; aqui viene el ama ; H 

pues, y Lucía con ella. 

Jesús me vaJga! Si traen I 

encima una biblioteca ! 

ESCENA \ 

ROQUE. DOÑA JOSEFA. LUCI^ 

[Esta cargada de libros; aquella con tintero y pa- 
peles, que ponen sobre la mesa.) 

Josefa. Me vengo aqui á trabajar, 

porque adentro es imposible. ' 

Vamos, es irresistible w 

tanto y tanto vocear. ? { 

Maldito cuarto tercero. uh 

No callan en todo el dia. y 



11 



' Roque. 
I Josefa. 

\ [Se 

i Roque. 



Josefa. 



Roque. 

Josefa. 

Roque. 
Josefa. 
Lucia. 
Roque. 
Lucia. 
Roque. 

Josefa. 
Lucia. 
Roque. 
Josefa. 
Lucia. 
Roque. 



Josefa. 

Roque. 
Josefa , 



Mira , esos libros . Lucía , 
pónlos junto á este tintero. 
No hay sosiego para nada. 
Tres conceptos en la menttí, 
y se me van de repente, ai omo-j 
Ya me tienen sofocada. 
No se verá un matrimonio 
como ese. No hay quien lo aguante. 
Qué muger tan ignorante ! 
Con que... viene don Antonio? 
Ya el señor le ha ido á esperar. 
sienta en ademan de pensar para escribir.) 

Y ha dicho usted á Lucía... 
porque ya es el mediodía, i ... 
qué se le hace de almorzar? •■ 
[Hablando consigo misma.) 

En esta grata mansión 
que venís á embellecer , 
qué os podremos ofrecer? ; 

Que haga huevos con jamón. 
Eso bien pronto está hecho. 
Calla. Dejadme un instante. 
Me has quitado un consonante. 
Yo no. 

Me ahoga el despecho. 
Déjela usted escribir. 

Y yo la atajo quizá? 
Es que la musa se va. 

Pues por dónde se ha de iv, ,; 
si está la puerta cerrada? , ^ . 
De mi lira el blando acentO;.;. ; 
Vaya, es usted un jumento. : 

Y usté una desvergonzada. 

Son ustedes el demonio. . ; 

[A Roque.) Calle. 

No quiero callar. 
Qué se le da de almorzar, 
en viniendo , á don Antonio? 
Qué entiendo yo de esas cosas? 
Qué me preguntas á mí? 
Pues á quién? 

Vete de aquí. 



12 

Roque. 
Josefa. 
Roque. 



{Ap. Pues digo que están graciosas.) 
A mis mandatos te opones? 
Me voy. señora, al momento; 
y después... que almuerce viento 
como los camaleones. (Vase.) 

ESCENA VI. 



DONA JOSEFA. LUCIA. 

Josefa. Al fin logró sofocarme. 
Mi cabeza es una fragua. 
Tráeme un vaso de agua, 
porque quiero refrescarme. 
( Vase Lucía , y vuelve con él. 
Jesús, qué vida, qué vida! 
Esto es para otras mugeres. 
Y entre tan prosaicos seres 
he de estar siempre metida ? 
Cuándo en grata soledad 
daré rienda al pensamiento, 
donde no turbe mi acento 
tanta y tanta mezquindad? 
Por una necia rutina, 
¡ oh desgraciadas mugeres ! 
á los mas pobres quehaceres 
la sociedad nos destina, 
y á vivir se nos sujeta , 
sin que haya justa razón, 
cifrando nuestra ambición 
en la aguja y la calceta. 
Si la inspiración bendita 
con su fuego nos inflama , 
es fuerza apagar la llama 
con?... 

Lucia. El agua, señorita. 

Josefa. Dame. [Rebe.) 

Lucia. Está fresquita? bueno. 

Josefa. Néctar delicioso. 

Lucia. Es fijo. 

Para eso estuvo el botijo 
toda la noche al sereno. 



13 



Quién en tu terso cristal 

se viera ahora retratada , 

por el encanto arrullada 

de la brisa matinal? 

Si un dia á ser libre llego, 

como el corazón presiente, 

iré á bebería en la fuente. 

Alli, entre tanto gallego! 

No , en el campo, entre las flores. 

Vamos, eso es ya otra cosa. 

Siguiendo á la mariposa 

de abrillantados colores. 

No bajo un mísero techo 

donde el corazón astilla. 

Si viera usted la boardilla ! 

Aquello sí que es estrecho. 

Bulle aqui la inspiración, 

y antes de nacer se apaga. 

No hay aire que satisfaga. 

Quiere usted que abra el balcón? 

No ; siéntate alli , Lucía , 

y no me vuelvas á hablar, 

jporque me importa acabar... 

No diré «esta boca es mía.» 

Muy pronto, según se espresa. 

don Antonio ha de venir, 

y le quiero recibir 

con una grata sorpresa. 

Le causará admiración, 

cuando no se lo imagina, 

hallarse aqui una sobrina 

tan llena de erudición. 

Lucía, qué te parece? 

Vaya ! que hace usted muy bien. 

Cuando mis versos le den 

el nombre que se merece... 

Porque «noble protector» 

le llamo en mi poesía. 

No te parece, Lucía, 

que este nombre es el mejor? 

Pues si hasta á mí me enagena. 

Para que el gozo complete. 



1 



14 

le encaja usted un sonete , 

ó dos, ó tres, ó una ocena, 

con eso de espiración 

y los insalubres lazos, 

y lo del monte piernazo, 

que le cause admiración. 
Josefa. Ja, ja ! como no comprendes 

eso que dices. Lucía, 

armas una algarabía, 

que tú misma no te entiendes. 

Por eso me haces reir. 
Lucia. Bien: yo esplicarme consigo ; 

pues, si no sé lo que digo, 

sé lo que quiero decir. 
Josefa. Al oirte no me espanto. 

Sin comprender lo que escuchas... 
Lucia. Me consuelo, porque hay muchas 

á quienes pasa otro tanto. 
Josefa. Luego en esplicar te afanas 

lo que no te corresponde... 
Lucia. Es cierto: yo oigo campanas, 

mas no sé decir en dónde. 
Josefa. Seguiré mi poesía. 
Lucia, Y yo seguiré callando. 

Josefa. {Escribiendo.) 

Porque os están aguardando 

con ansia en tan bello dia. 
{Doña Josefa sigue escribiendo. Lucía habla por lo bajo.) 
Lucia. Si yo supiera, aunque malos, 

también le hiciera mis versos; 

pues dicen que otros perversos 

han merecido regalos. 

Hoy la ocasión me convida. 

De placer en testimonio 

he de dar á don Antonio 

en verso la bienvenida. 
(Se acerca á la mesa, toma un papel y una pluma, y 
luego se pone á escribir.) 

Qué mal puede resultar, 

que rían de mi torpeza ? 

Diz que por algo se empieza ; 

pues bien : yo voy á empezar. 



15 

(Pam sí.) Qué pobre imaginación. 
Apolo de mí se mofa. 
Llegar á la última estrofa, 
y faltarme inspiración! 
[Leyendo.) Eterno agradecimiento 
sumisa os tributará. 
No me gusta. Asi no está 
bien redondo el pensamiento. 

[Vuelve á escribir.) 
{Leyendo su escrito.) 
Señor don Antonio de mi vida, 
con toda la infusión de su alma 
le desea á usted la calma 
Lucía y se alegra de la bienvenida. 

Postdata, 
Perdone usted estos renglones; 
que si mal escritos van, 
es porque la pluma estaba sin cortar, 
y el tintero no tenia algones. 
Gracias á Dios que acabé. 
Viene el pensamiento justo, 
y me ha salido á mi gusto. 
Otra vez lo leeré. 
[Lee.) Solo nos quedan, señor, 
lengua para bendeciros 
y afecto para serviros 
como á un noble protector. 
Qué estas haciendo. Lucia? 
iSada... es que... 

Qué estás haciendo? 
Nada; estaba aqui escribiendo... 
no es nada, una tontería. 
Josefa. [Acercándose.) Versos? 
Lucia. Para don Antonio, 

celebrando su llegada. 
Josefa. A ver? 
Lucia. Una patochada. 

Josefa. Esta chica es el demonio. 
[Después de leer lo que ha escrito Lucía , suelta una. 
carcajada.) 

Jesús, qué barbaridad! 
qué renglones tan perversos ! 



m 



16 

Chica , si estos no son versos. 
Lucia. No? pero son la verdad. 
Josefa. Sin medida... Va, no intentes... 

Desiguales... 
Lucia. Eso no ; 

que los he medido yo 

con un palillo de dientes. 
Josefa. Qué entiendes tú?... 
Lucia. Sí señora. 

[Se oye la campanilla.) 
Josefa. Han llamado? ^ 

Lucia. {Con alegría.) Sí : ay Dios mió! 

Josefa. Serán mi esposo y su tio. 

Anda á abrirles sin demora. [Vase Lucía.) 

ESCENA VIL 

DONA JOSEFA. LuBQO DON JUAN. DON ANTONIO. LUCIA. 
ROQUE. 

Josefa. Al fin me dejó acabar 

mi comenzada poesía, 

y á sus ojos este día 

ufana podré brillar. 
Lucia. {Entrando.) Ya están aqui. Es un señor 

muy respetable y muy serio. 

Pregunta con un misterio... 

y no gasta buen humor. 
Josefa. Con que es de aspecto sombrío ! 
Lucia, No diré que sea gran cosa... 

Josefa. {Al verlos entrar.) Calla. 
Juan. {Adelantándose y tomando á su muger de la 

mano.) Esta es, señor, mi esposa. (A don Antonio.) 

{A su muger.) Nuestro bondadoso lio. 
Antonio. En fin, que sea en hora buena. 
Roque. {Etitrando.) Este cofre dónde va ? 
Juan. Colócalo por allá , 

que después... [Hace una señal á Lucia ^ 
que sigue á Roque.) 
Roque. {Haciendo un gesto de desaprobación y en- 
trando con el cofre.) 

Anda, morena! 



ESCENA VIH. 



17 



DONA JOSEFA. DON JUAN. DON ANTOiNIO. 



Mira, voy á sentarme; porque estoy, 
como lo ves, molido, y el cansancio.. . 
Cierto. 

Es muy natural. 

Largo el viajé, 

y- 

Mientras van á preparar mi cuarto, 
en vuestra... inesperada compañía 
podré siquiera descansar un rato. 
Nuestros débiles miembros se resienterr, 
máxime, si no están acostumbrados, 
y tras la dura y áspera jornada 
el natural reposo ambicionamos. 
En el orden moral coma en el físico 
la próbida natura ha combinado 
de tal modo las cosas, que imposible 
es conservarse siempre en un estado ; 
y asi , para guardar el equilibrio 
que estableció la omnipotente mano, 
hay la serenidad tras la tormenta , 
y en pos de las fatigas el descanso. 
{Ap, Vaya si está la moza altisonante.) 

[A don Juan.) 
Tienes una muger que es un dechado. 
Señor, ese es favor que usted dispensa 
á mi ignorancia ; mas favor que acato. 
No siempre al que consagra sus desvelos 
á cultivar el espinoso campo 
de las letras le es dado en ocasiones 
el poderse esplicar de un modo claro; 
mas, supuesto que usted me ha comprendido 
nada á mi observación por ahora añado. 
Bien. {Ap. No hablara mejor una cotorra.) 
De cuanto usted ha dicho estoy al cabo. 
Mas escucha, sobrino, ya que el cielo 
una nueva familia me ha otorgado , 
házmela conocer toda completa. 
En dónde está de vuestro amor el vastago? 

2 



J8 

(A doña Josefa con ironía.) 
Me parece que yo también me esplico. 

Josefa. Y por cierto, muy bien. 

Juan. Tío , es el caso 

que ahora no puede ser que usted le vea; 
porque apenas nació se lo entregamos 
á un ama... 

Antonio. Qué, su madre no lo cria? 

Josefa. Perdone usted si la pregunta estraño. 

4/ííonío. Estragarla... y por qué? 

Josefa. No es de buen tono 

y ademas que requiere mil cuidados 
que no son con mi estudio compatibles. 
m Los quehaceres domésticos al cabo 
si á la muger vulgar no la molestan, 
las mugeres cual yo, los despreciamos. 

Antonio. Pues entonces usted, qué hace en su casa? 

Juan. (Ap. Ah! ) . 

Antonio. Me parece, Juan, que esto va malc 

Josefa. Yo de esas mezquindades no me cuido. 
Mis pensamientos son mas elevados. 
En alas de mi ardiente fantasía 
de lo ideal por las regiones vago. 
Yivo en un mundo que respira gloria ; 
contemplo las edades que pasaron. 
Cantando en Ilion escucho á Homero ; 
después en Roma con Virgilio hablo , 
y en la funesta torre de Ferrara 
las quejas oigo del sublime Taso. 
A Camoens sigo por ignotos mares 
y á Ercilla entre el indómito araucano. 
La soberbia Aibion me muestra á Milton 
y de Grecia las playas á lord Byron. 

Antonio. Basta con eso ya, basta, señora. 

Se conoce que tiene usted los cascos 
un poco mas ligeros que debiera. 
Te lo repito, Juan, esto va malo. 
Tu muger va á morir en Zaragoza 
según todas las muestras que va dando. 

[A doña Josefa.) 
Y diga usted , con esos personages 
se atreverá usté á hacer muchos guisados ? 



i9 

El uno de ellos lavará la ropa , 

el otro coserá que será un pasmo , 

y con toda esa gente, según veo, 

no harán falta doncellas ni criados. 

Antes le dije á usted que no he nacido 

para esos ejercicios tan prosaicos, 

Yo no le digo á usted que usted lo haga ; 

pero á lo menos bien sabrá mandarlo. 

Yo no desciendo á cosas tan mezquinas. 

Con que entonces, señora, en qué quedamos? 

Es usted en la casa un mueble inútil. 

(De oir tanta sandez estoy volado.) 

No sirve usted para criar sus hijos? 

pues no los para usted con dos mil diablos. 

Caballero ! 

Lo dicho : hasta las fieras 
manifiestan instintos mas humanos. 
Tío , tio , por Dios. 

No es de buen tono ! 
{Dirigiéndose á don Juan.) 
Vosotros los maridos mamarrachos 
tenéis la culpa. Porque guarden ellas 
un año mas el rostro mas lozano 
consentís que se entreguen vuestros hijos 
á quien comercia con su cuerpo acaso. 

Sí, vosotros debierais inspirarles 

aversión á ese estilo condenado 

que la naturaleza lo repugna 

y de Dios contraría los mandatos. 

Pues qué , ha venido la muger al mundo 

solo á lucir sus galas y sus trapos? 

Los deberes de madre y los de esposa 

son deberes, señora, muy sagrados, 

mucho, y la que pudiendo no los cumple 

es, mas bien que muger, un espantajo. 

Tío, está usted cruel. 

Lo dicho dicho. 

No me muerdo la lengua en ningún caso. 

Si mi lenguaje brusco no le place, 

á mí tampoco sus remilgos vanos. 

Yo no lo sé decir de otra manera ; 

quiero que seas feliz, y por lo tanto 



20 

ella lia de ser muger como Dios manda. 
Y asi, para no errar, quitar el banco. 

Josefa. lie tenido por Dios harta paciencia 
para escuchar sermón tan inspirado, 
y en verdad su elocuencia no me mueve. 
Fija es mi convicción, sé lo que valgo, 
y al terreno vulgar que usted me llama 
no pienso descender. Muéstreme airado 
su ceño la fortuna, el mundo todo 
me ostente por do quiera un desengaño, 
nada me importará. Para mi cuerpo 
un pedazo de pan es muy sobrado , 
pudiendo alimentar las ilusiones 
• que de mi vida forman el encanto. 

Antonio. Lo veremos, señora. 

Josfífa. Lo veremos. 

Ahora voy á escribir en mi diario 
esta escena, y á f é que es muy chistosa. 

Anlonio. Si? 

Josefa. (Con coquetería.) 

Le deseo á usted mucho descanso. {Vase 

ESCENA IX. 

DON ANTONIO. DON JUAN. 

Antonio. Buena la hemos hecho, Juan. 
Juan. Yo nunca hubiera pensado... 
Anlonio. Te está muy bien empleado. 
Juan. Pero tio... 
Antonio. Qué dirán? 

Que yo te di la licencia 

para hacer tal desatino ; •• 

que yo te allané el camino 

abierto á tu inesperiencia. 
Juan. Ay lio del corazón ! 

nunca yo á Madrid viniera ! 

Dígame usted lo que quiera : 

tiene usted mucha razón. 
Antonio. Ya que eso quisiste hacer, 

para evitar mas camorra, 

por qué en vez de una cotorra 



21 



no buscaste una muger? 
No hace otro tanto el mas zote^ 
no. Para que asi cayeras 
es preciso que tuvieras 
los ojos en el cogote. 
Juan. Escuche usted por favor. 

Todo se lo iré contando, 
como si estuviera hablando 
á los pies del confesor. 
Por vez primera la vi 
una larde en el paseo, 
y en alas de mi deseo 
á su casa la seguí. 
Escuso aqui cuáles fueran 
mis galanteos sin tasa 
hasta lograr que en su casa 
la entrada me permitieran. 
Su madre, viuda y anciana, 
siempre con ansia prohja 
elogiándome á su hija... 
Para meterte mas gana. 
Me hizo al cabo concebir 
una esperanza tan bella, 
que ya juzgaba sin ella 
serme imposible vivir. 

Y juzgaste con razón 
por el santo de mi nombre. 
Para hacer feliz á un hombre 
buena fue su educación. 
La madre solo pensaba 
en elogiar su talento, 
y no se cuidó un momento... 
De lo que mas le importaba. 
Asi nuestro amor creció 
á todo cálculo estraño, 
cuando... habrá cosa de un año 
huérfana y sola quedó. 

Y yo viendo su horfandad , 
por amparar la inocencia , 
sin pedir á usted licencia 
hice... 

La barbaridad. 



iá2 

Juan. 



Antonio. 

Juan. 

Antonio. 



Juan. 
Antonio. 



Juan. 



Mire usted, querido tío. 
ella es muy bien inclinada , 
y en viéndose aconsejada 
mejor, que mude confio. 
Quieres ahora conseguir, 
y en un año no has logrado?... 
Si ese año le hemos pasado . 
viviendo... asi... por vivir. 
Nada, Juan, nada: es preciso 
poner un término á todo. 
O ella piensa de otro modo 
y tú también , ó te aviso 
para que sea tu gobierno 
que conmigo no contéis. 
Yivid en paz, si podéis. 
Yo no he menester infierno. 
Señor... 

Y ténlo entendido. 
Gasto muy poca paciencia. 
Tomando la diligencia 
me voy por donde he venido. 
Si á tu muger no le importa , 
yo lo tomaré con flema. 
Cada loco con su tema ; 
que á la larga ó á la corta 
el que por todo atropella 
al fin paga lo que debe. 
Lo que siento es que te lleve 
á Zaragoza con ella. 
Y no lo toméis á broma, 
todo en el mundo se paga. 
Quiere? buen provecho le haga 
y con su pan se lo coma. 
Al que tiene cama, Juan, 
y luego duerme en el suelo , 
no, no hay que tenerle duelo , 
que bien lo dice el refrán. 
En hablar mas no me canso. 
No quiero que me sofoque... 
Avisa que venga Roque , 
porque he menester descanso. 
Yoy al instante. (Vase.) 



23 



Pues no ! 
Qué remilgada y qué hueca ! 
Habráse visto muñeca !... 
Ya, ya verá quién soy yo. 

ESCENA X. 

DON ANTONIO. 

Ay!... Quiera Dios darme tino 
para salir de este lance. 
Pero que tan poco alcance 
el necio de mi sobrino ! 
De su muger la locura 
por agradarla consiente , 
confiando á estraña gente 
esa infeliz criatura. 

Y la casa abandonada... 
Puede citarse de ejemplo. 
Una muger como un templo 
y no sirve para nada. 

Ya se ve : de esta manera 
á nadie parece estraño 
que al ver tanto desengaño 
ninguno casarse quiera. 
Las temen , y con razón. 
Han llegado á figurarse 
que lo mismo es el casarse 
que otra cualquier diversión. 

Y es tal el maligno influjo 
que va ejerciendo el demonio, 
que ven en el matrimonio 
solo un objeto de lujo. 

Asi las que en realidad 
piensan bien, que son muy pocas 
no echan la culpa á las locas, 
lio, sino á la sociedad. 

Y esta, con juicio severo, 
la virtud en ellas pide, 

y al no hallarla, pues, las üiid« 
á todas por un rasero. 
Vamos, hoy para casarse. 



24 



aunque nos ciegue el amoi'; 
es menester mas valor 
que para suicidarse. 

ESCENA XI. 

DON ANTONIO. ROQUE. 



Antonio. 

Roque. 
Antonio. 



Roque. 
Antonio. 



Roque. 
Antonio. 
Roque. 
Antonio. 



Roque. 
Antonio. 



Roque. 



Llega, Roque, ven acá. 

Estoy que el diablo me lleva. 

Señor , pues qué es lo que pasa ? 

Mi sobrino es un babieca, 

y tú un mal intencionado, 

desagradecido... 

{Ap. Aprieta.) 

Al saber que iba á casarse, 

con escribirme dos letras 

obraras como Dios manda. 

Dime, es cierto que se encuentra 

tan empeñado don Juan 

como has dicho? 

Que no sepa 
que yo... 

No andes con tapujos. 
La verdad se manifiesta. 
Pues sí señor, es verdad; 
pero... 

Me alegro. Dios quiera... 
Mira , Roque , ya á lo hecho 

no hay mas que tener paciencia. 

Todavía tengo esperanza 

de hacer de los dos carrera. 

Podré fiarme de tí 

para llevar una idea, 

que se me ocurre, adelante? 

Mándeme usted lo que quiera. 

Pues bien, Roque, entre los dos 

con sigilo y con reserva 

hemos de llevar á cabo 

mi pensamiento. 

Aunque fuera... 

Yo haré lo que usted me mande 



25 



I y nada mas. 

Antonio. Para que ella 

abandone esa manía 
he pensado... Mas espera. 
Nos escucharán ? 

Roque. Yo creo 

que no. 

Antonio. Por si acaso entran... 

Ven, te lo diré en mi cuarto, 
no sea que todo se pierda. 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



(^cf0 ^ctjwnbo. 



La misma decoración que en el primero. 
ESCENA PRIMERA. 

DON ANTONIO. DespUCS ROQUE. 

Antonio. Si este ardid no sale bien 
es preciso separarlos. 
Yo no puedo ya sufrir 
que dure mas este escándalo. 
Ella en sus trece se está; 
y yo que soy porfiado... 
Aqui está Roque. 

Roque. Señor. 

Antonio. Dime, Roque, has hecho algo? 

Roque. Cómo algo? pues qué quizás?... 
Cuando yo tomo un encargo, 
soy sutil como una zorra 
y ligero como un gamo. 

Antonio. Viste al mueblista ? 

Roque. Lo vi. 

Antonio. Y luego al casero? 

Roque. A entrambos. 

Antonio. Y bien, quedaron conformes? 

Roque. Verá ested dentro de un rato. 

Antonio. Les encargaste el silencio? 

Roque. Son los dos que ni pintados. 
Antes que pase una hora 
no quedará un solo trasto. 



27 



Procura que no se enteren... 
Nada, pierda usted cuidado. 
Pues anda y di á mi sobrino 
que antes de salir lo aguardo. 
Está muy bien. Abora sí 
que estoy contento, canario! 

ESCENA II. 



(Vase.) 



DOiN ANTONIO. LuegO DON JUAN. 

Antonio. Puede que en viendo el apuro 
cese su maldito afán, 
pues, como dice el refrán, 
á buena bambre no hay pan duro. 
Y si al fin mi cuenta marra... 
No , no be de mostrarme blando, 
que aquel que ya se está ahogando 
de un hierro ardiendo se agarra. 
Juan. [Entrando,) 

Me llama usted? 
Antonio. Sí, en verdad. 

Ya que no hay ningún testigo, 
quiero hablar ahora contigo 
con mucha formalidad. 
Apenas llegado aquí 
empiezo á tirar mis cuentas, 
y echo de ver que mis rentas 
solo alcanzan para mí. 
Sé bien lo que aquí se gasta , 
y con tanto despilfarro, 
que si á mano os dieran barro 
con una mina no os basta. 
Os habéis juntado dos 
que no lo sabéis ganar, 
y asi lo queréis tirar 
todo, sin temor de Dios. 
De algo sirve la esperiencia; 
y pues no la conocéis, 
no quiero que me dejéis 
á la luna de Valencia. 
Ya eres un hombre casado. 



28 



y si antes, sobrino mió, 

á todo salió tu tio, 

pues, y nada te lia faltado, 

de aquí en adelante quiero 

que aprendas á trabajar, 

y que sepas al gastar 

cómo se gana el dinero. 

No tengo mal corazón, 

ni es mi intento abandonarte, 

y asi, queriendo dejarte 

con alguna ocupación, 

á mi amigo don Gregorio 

esta mañana lo vi 

y me ofreció para tí 

una plaza en su escritorio. 

Tendrás un sueldo, aunque escaso: 

los tiempos no son iguales; 

os sobra con diez reales 

para ir saliendo del paso. 

Si no podéis mantener 

quien os sirva, haya paciencia. 

Ya veréis por la esperiencia 

que lodo se puede hacer. 

Tú la pluma, ella la escoba; 

otros tan buenos lo harán. 

Ya se acabó el tiempo, Juan, 

de comer la sopa boba. 

Soy viejo, pronto me muero, 

y con mi hacienda os quedáis; 

pero quiero que sepáis 

cómo se gana primero. 

Con que asi, desde mafiana 

empiezas á trabajar, 

y ella á coser y guisar 

de buena ó de mala gana. 

Yo nada estraño le exijo. 

Si no lo sabe, que aprenda. 

Es necesario que atienda 

á su casa y á su hijo. 

Deje de ser melindrosa; 

que al casarse una muger 

Dios mismo le manda ser 



29 



buena madre y buena esposa. 
Comprendes bien? 

Sí, señor. 
Anda á decírselo todo. 
Tío... no sé de qué modo... 
Pues yo iré, y eso es mejor. 
Y sera usted tan cruel?... 
Nada, á un estremo otro estremo. 
Antes de salir le quemo 
hasta el último papel. (Vase.) 

ESCENA III. 

DON JUAN. 



Si esto no es un sueño 
no sé qué decir. 
Dios mío. Dios mió, 
qué pasa por mi? 

Y es esto casarse ! 

Y es esto vivir ! 
Buena nos aguarda, 
pareja infeliz! 

Si esto no es un sueño 
no sé qué decir. 
Solteros incautos, 
aprended de mí. 
Contento sufriera 
mil muertes y mil, 
si á tan triste estado 
soñara venir. 
Mañana, viviendo 
un chiribitil , 
saldrá á recibirme 
mi esposa infeliz, 
llevando en la mano 
un negro candil. 

Y en vez del aroma 
de rosa y jazmín , 
serán sus perfumes 
ajo y peregil. 

Y es esto casarse ! 



30 

Será esto vivir! 
Si no estoy soñando 
no sé qué decir. 
Solteros incautos, 
aprended de mí. 

ESCENA IV. 

DON JUAN. ROQUE. 

Boque. Señorito, esto va malo. 

Juan. Bien lo sé por mi desgracia. 

Roque. Su lio de usted me ha dicho 
que sale de aqui mañana , 
y que no piensa volver 
nunca á pisar esta casa. 

Juan. Y qué nos hacemos, Roque? 

fíoque. Eso digo yo. Mal haya!... 
Ya se ve, está disgustado, 
y viendo lo que aqui pasa... 

Juan. Estoy por irme al Canal 

para dar fin á mis ansias. 

Roque. Eso fuera una locura. 

Los malos tiempos se acaban; 
y en sabiendo don Antonio 
(jue usted se aplica y trabaja, 
que la señora también 
piensa en arreglar su casa... 
al fin, vamos, no es de bronce. 
Verá usted cómo se ablanda. 

Juan. Pero entre tanto, y mis deudas? 

di , Roque, quién me las paga? 
El mueblista y el casero 
son hombres de mala cara. 
Vendrán, y Dios sabe cómo 
me arrojarán de esta casa. 
Creo que no hay mas remedio 
(jue ir á morir con las ranas. 
Alli, en lo mas escondido 
del Canal, donde esté el agua 
mas limpia, llego y me arrojo. 
Dejo á la orilla una caria 



31 

refiriendo mi infortunio ; 

los periódicos la estampan, 

y al otro dia mi nombre 

circula por toda España. 

Roque, qué buena elegía 

si mi muger me escuchara ! 

Si no está usted delirando 

lo que dice es una chanza. 

No, á mi í'é, que hablo de veras. 

Ya casi siento las ansias... 

Di, Roque, se sufre mucho 

cuando se introduce el agua?... 

Tú no te has ahogado nunca? 

Ni lo quiera Dios, caramba! 

Quiero decir, no has llegado 

á saber lo que se pasa?... 

Debe ser cosa terrible. 

Sentir que el aliento falta ; 

que las fatigas se aumentan , 

y que ia vida se acaba... 

No, no : lo mejor de todo 

es estarme quieto en casa, 

y venga lo que viniere, 

y salga por donde salga. 

Cuántos hicieran lo mismo 

si un poco reflexionaran! 

Sí, Roque; quiero hacer frente 

á las penas que me amagan ; 

quiero con la pluma en ristre 

mostrar á mi esposa cara 

que ella debe hacer calceta, 

zurcir y mondar patatas, 

ya que apremiantes lo exigen 

las malditas circunstancias. 

Alli viene. Mi buen lio 

sin duda le ha hablado al alma^ 

según el gesto que trae. 

[Ap. Yo, por si vienen mal dadas, 

me voy, no emprenda conmigo. 

Allá los dos se las hayan.) {Vase.) 



32 



ESCENA V. 

DON JUAN. DOÑA JOSEFA. 



Josefa. Vengo á buscarte, Juan. 

Juan. Aqui me tienes. 

Josefa. Sabes ya el porvenir que nos aguarda ? 

Juan. Lo sé. 

Josefa. De la fortuna á los vaivenes 

el bravo corazón no se: acobarda. 
Juan. Según eso, mi tio?... 
Josefa. Nos hemos separado hace un momento. 
Juan. Y qué ? 
Josefa. Su pretensión es desvarío. 

Sé que nos abandona 

con despiadado intento ; 

pero á la adversa suerte desafio. 

Quién puede avasallar mi pensamiento? 

Óyeme, amado esposo, 

sé grande, como yo, serás dichoso. 

Qué importa la riqueza? 

Qué vale el vil metal que llaman oro? 

Si el alma de grandeza 

tiene un rico tesoro, 

si en grata poesia 

puedes pintar la luz del claro dia , 

vagar por los espacios 

y fabricar palacios 

de perlas y corales, 

no eres harto feliz ^ cuánto mas vales? 
Juan. Qué harás sin la riqueza, 

sin ese vil metal que llaman oro? 

De qué sirve que el alma de grandeza 

tenga un rico tesoro, 

si todo es poesía , 

y al asomar la luz de cada dia, 

aunque la mente corra los espacios 

fabricando palacios 

de perlas y corales, 

no contamos con mas que diez reales? 
Josefa. Procura que no falten ilusiones. 

Bastan para vivir como se quiera; 



33 

y siempre que al dolor no te abandones. 

tu dulce compañera 

sabrá con fé sencilla 

hacer tus horas gratas, 

cantando, cual la tierna lortolilla, 

entre las verdes matas. 

Ya verás, dueño mío, 

cómo en tu corazón no habrá un vacío. 
Juan. Dónde irán á parar las ilusiones, 

cuando haya que pagar la lavandera. 

comprar hilo y agujas y botones? 

Ay , dulce compañera ! 

Aunque con fé sencilla 

te propongas hacer mis horas gratas, 

lo alcanzaras , viviendo una boardilla , 

y comiendo garbanzos y patatas ? 

Ya verás, dueño mió, 

que no hay placer á estómago vacío. 
¡Josefa. Pues bien; si no en la corte, al campo iremos; 

y alli... 
íJuan. Qué divertidos estaremos ! 

i Josefa. No faltará una choza solitaria 

para huir de esta vida sedentaria. 
.Juan, El caso es, prenda mia, 

que yo no sé hacer chozas todavía. 
Josefa. Dime, y quién ha enseñado 

al ruiseñor á hacer su nido amado 

para buscar abrigo? 

Ya aprenderás, mi bien ; yo iré contigo. 
Juan. Y de dónde el sustento alli nos viene? 
Josefa. El mismo que á los pájaros mantiene 

cuidará de nosotros. 
Juan. Mal supones: 

porque si ellos encuentran cañamones, 

y con eso se dan por muy contentos, 

al hallarnos hambrientos 

fuerza será también que los comamos ; 

y el manjar no es sabroso, que digamos. 
Josefa. Hay la perdiz, que en el espacio vuela. 
Juan. 'Y si falta el aceite ó la cazuela? 

Y aun sobrando , no sabes lo que dices. 

Se cogen como quiera los perdices? 

3 



34 

Ese es un desatino. 
Josefa. Dios á nadie abandona en su camino. 

Si con fé lo emprendieres, 

lodo lo encontrarás como quisieres , 

aunque el mundo recorras. 
Juan. Fíate de la Virgen y no corras. 
Josefa. En fin, esposo mió, 

no quiero que avasallen mi albedrio. 

Sigue mi osado intento. 
Juan. Dejemos los castillos en el viento, 

que no es para reir lo que nos pasa. 

Quedémonos, esposa, en nuestra casa. 

Vivamos, yo escribiendo, 

tú guisando y cosiendo; 

y aunque tengamos que comer fiambre, 

mejor es eso que morir de hambre. 
Josefa, No te juzgué con alma tan mezquina. 

Cómo habia yo de entrar en la cocina! 
Juan. El furor no te altere. 

Yo me gobernaré como pudiere. 

Sigue en tu estravagancia. 

Para no incomodarnos, vida mía, 

tú te alimentarás con poesía; 

yo buscaré manjar de mas sustancia. (Vass.) 

ESCENA VI. 

DOÑA JOSEFA. LuegO LUCÍA. 

Josefa. Y se va ! Pobre alma mia , 

nadie á comprenderte alcanza. 

Tus sentimientos ahoga 

en medio de la ignorancia, 

y en el lodazal del mundo 

tu noble entusiasmo apaga. 
Lucia. Qué tiene usted, señorita? 

[Ap. Válgame Dios, qué agitada !) 
Josefa. {Sin atenderla.) 

La desgracia me persigue 

entre gentes tan prosaicas ; 

pero no con sus rigores 

ha de lograr que me abata. 



Sí es que está usted componiendo, 
me voy, no quiero estorbarla. 
Eres tú ? Llega , Lucía : 
tú sola en mis tristes ansias 
podrás prestarme el consuelo 
que mí corazón reclama. 
Pero qué es lo que usted tiene, 
y por qué son esas lágrimas? 
Qué tengo? Me es imposible 
vivir mas en esta casa. 
Aquí nadie me comprende. 
Pues acaso usted no habla 
en castellano ? 

Lucía, 
es el lenguaje del alma 
el que á comprender no llegan. 
Mire usted ! 

Cuando impulsada 
por la ardiente fantasía , 
del entusiasmo en las alas 
á las sublimes regiones 
de un mundo ideal se lanza, 
en vez de seguir su vuelo, 
pretenden encadenarla. 
A quién? 

A quien no ha nacido 
para una vida prosaica, 
y acariciando en su mente 
mil ilusiones doradas, 
de su misión en el mundo 
tiene una idea mas alta. 
Comprendes ahora, Lucía, 
lo inmenso de mi desgracia? 
Cierto. [Ap, De cuanto me ha dicho 
no entiendo ni una palabra.) 
Nunca el tío de mí esposo 
por estas puertas entrara. 
El ha venido á turbar 
mi dulce y tranquila calma. 
Ay ! calle usted , señorita. 
También á raí esta mañana... 
Sí usted viera... cuando fui 



35 



36 

á darle, como una gracia, 
los versos que le compuse 
celebrando su llegada... - 
Yo que esperaba un regalo... 
y veo que los agarra... 
y... no sé qué fue mas pronto, 
si leer lo que alli estaba, 
ó hacer el papel pedazos 
y arrojármelo á la cara, 
diciendo que usted y yo 
somos locas rematadas. 

Josefa. No lo estraño : en este siglo 

de mezquindad, de ignorancia, 

califican de locura 

los arrebatos del alma. 

Pero tú que me comprendes, 

tú que escuchas estasiada 

Jos acentos de mi lira 

que el viento lleva en sus alas, 

me acompañarás gustosa 

á una selva solitaria. 

Alli, lejos del bullicio 

de esta sociedad gastada , 

dando rienda al pensamiento. 

seremos felices ambas, 

tú escuchando mis cantares, 

yo realizando mis ansias. 

Lucia. Y vaya si iré con gusto ! 

Con tal que á la noche á casa 
volvamos, porque de noche 
en el campo hay cucarachas. 

{Se oye un reloj.) 
Ay, señorita, las tres! 
Voy á partir la ensalada , 
y á echar carbón en la lumbre . 
no nos quedemos sin brasas. (Vase.) 

ESCENA Vil. 

DOÑA JOSEFA. 

Vamos, es imposible. No me entienden. 



17 

Qué cerebros tan mal organizados ! 
La culpa tengo yo , que comunico 
mi pensamiento á seres tan profanos. 
Ahora que ya un instante , por fortuna , 
sola con mis ideas me he quedado, 
quiero dar al papel las impresiones 
que en el alma una huella me dejaron. 
¡Se dirige á la mesa» y después de sacar recado de es- 
cribir , cierra las puertas.) 

Triste recurso á quien tan sola vive. 

No es justo que interrumpa mi diario, 

ya que tan bella página me ofrece 

la prueba por la cual estoy pasando. 

Para que nadie venga á interrumpirme, 

las puertas cierro y á mis solas hablo. 

[Sentándose y abriendo un libro.) 

Ven, dulce confidente de mi vida , 

de mis secretos fiel depositario ; 

una vez mas sobre tus tersas hojas 

grabaré mis recónditos arcanos. 

Tú, después de mi muerte prematura , 

publicarás mi nombre hora ignorado, 

nombre que eterno vivirá en la historia 

como hoy aun vive el de la heroica Safo ; 

pues si ella supo renunciar al mundo 

por no vivir sin su Faon ingrato, 

yo, por huir de un Juan, que no me entiende, 

y á la poetisa célebre imitando, 

ya que al mar proceloso no me arroje 

porque está lejos y el camino es largo, 

quizá un ciento de fósforos me trague, 

ó me eche del balcón de un piso cuarto. 

ESCENA VIH. 

D05a JOSEFA. DON JUAN. 

Josefa. Se siente empujar la puerta. 

[Levantátidose y guardando el libro.) 
Juan. {Fuera.) Diga usted que yo lo abono. 

Josefa. Quién llama? 
Juan. [Fuera.) No me conoces? 



1 



38 

Abre eon dos mil demonios. 
Josefa. {Abriendo.) Dios mío ! esto nos faltaba ! 
Juan. [Entrando con una carta en la mano.) 

Todo viene junto, todo. 
Josefa. Pero bombre, qué es lo que tienes? 

Nunca has usado esos modos... 
Juan. [Sentándose con ademan de desesperación.) 

Pues bien, tengo lo que tengo. 
Josefa. Jesús me valga, y qué tono! 
Juan. Tocaremos para hablar 

todas las teclas de un órgano. 

Hoy sí que estoy para ella. 

Vamos, cuando no me ahorco... 
Josefa. (No dijera mas, si hablara 

el mismo Orlando il furioso.) 
Juan. Sí, sí, que carguen con ellos, 

y que se los lleven pronto. 

Pero será una vergüenza , 

un escándalo, un oprobio. 

Reniego yo del mueblista , 

del casero y de mí propio, 

que soy quien tiene la culpa 

de hallarse en este bochorno. 
Josefa. Juan, estás en tu juicio? 

Sin duda te has vuelto loco. 
Juan. Josefa, déjame en paz, 

!;,; ( , no armemos un alboroto. 

Qué diablos quieres que haga ? 

Mi tío está tan incómodo , 

que de él no puedo esperar 

siquiera un doblón de á ocho. 

En esta carta el mueblista 

nos apremia por el cobro 

del alquiler de los trastos; 

el casero, hecho un demonio 

al ver que no se le paga, 

(juiere que salgamos pronto 

de aquí, dándonos tres dias 

de término perentorio. 

Abamos, eslo desespera 

¡\\ hombre de mas estómago... 
Josefa. Por poca cosa le apuras. v 



39 



Si fueras hombre filósofo... 

Juan. Y si tú fueras... Mas vale 

que callemos uno y otro. 
{Don Antonio al paño.) 

Josefa. Y yo por qué he de callar? 

Juan. Porque si el silencio rompo ^ 

quizá usted tendrá mas culpa... 

Josefa, A usted le toca tan solo 
sostener todas las cargas 
que acarrea el matrimonio. 
Harto hacemos las mugeres... 

Juan. Con andar de un lado á otro. 

Y en fin . si no encuentro un medio 
para salir de este ahogo, 
antes que llegue mañana 
ó me mato, ó me divorcio. 





ESCENA IX. 




DICHOS. DON ANTOISIO. 


Antonio. 


Vamos, esto no va mal. 


Juan. 


(A;?. Mitio!) 


Josefa. 


(Ah!) 


Antonio. 


Seguid hablando 




Según oigo, os estáis dando 




pruebas de amor conyugal. 


Juan. 


Tío , ya no sé qué hacer. 


Antonio. 


Ahora es preciso que aguantes. 




Haberlo mirado antes , 



Juan. 

Antonio. 



y lo mismo tu muger. 
Estáis dados al demonio : 
esa disputa lo muestra ; 
sin ver que la culpa es vuestra, 
pero no, del matrimonio. 
Mal acaba quien mal anda> 
ya lo habréis oido decir. 
Nunca tiene qne reñir 
quien vive como Dios manda. 
No imagine usted quizás... 
Mira , de tejas abajo 
todos tenemos trabajo. 



40 



unos menos y otros mas. 
Si vosotros hasta ahora 
habéis vivido en la holganza^ 
ya no os queda otra esperanza 
que trabajar sin demora. 
No es necesario este lujo 
para que halague la vista. 
Venga, si quiere el mueblista, 
y llévese lo que trujo ; 
pues carga que tanto pesa 
no la podéis resistir, 
bastante hay para vivir 
con seis sillas y una mesa. 
Si no un cuarto principal, 
contentaos con un tercero; 
que vale mucho el dinero, 
y el ganarlo sabe mal. 
Criados? no puede ser , 
ni los necesita el pobre. 
Cuando la riqueza os sobre, 
luego los podéis tener. 
De esta verdad convencido, 
y por vuestro bien mirando, 
pronto irán los dos andando, 
pues ya los he despedido. 
Vamos, y no hay que reñir, 
que eso no lo manda Dios. 
Si hasta la muerte los dos 
juntos habéis de vivir; 
procurando cada cual 
no faltar á su deber, 
dulce llegareis á hacer 
la vida matrimonial. 
Mañana empieza el ensayo. 
Lo veré, y como soy viejo, 
si os hace falta un consejo... 
No hay que mirarme al soslayo. 
Quiero servir de testigo 
á ver cómo os manejáis. 
Después en paz os quedáis 
si me queréis por amigo. 
Vamos, qué decís? 



di 



Señor... 
Estoy muy bien enterada. 
(Tengo mi cuenta tirada, 
y seguirla es lo mejor.) 
Siempre á usted obedecí. 
Mi ley será su mandato. 
De vuestro bien solo trato. 
(Ap. No me ha de humillar asi.) 
Tendré el gozo mas profundo 
al veros en este dia 
desechar con alegría 
las necedades del mundo. 
{Ap. Me lo daba el corazón.) 
Adentro os aguardo . ea. 
Quiero que la noche sea 
de broma y de diversión. (Vase. 



ESCENA X. 

DOÑA JOSEFA. DON JUAN. 

Con que... vamos? Di que sí. 
No lo oyes, que nos espera? 
Usted vaya cuando quiera; 
porque yo me quedo aquí. 



FIN DEL ACTO SEGUNDO. 



o ^o^ 



(^cí0 Unno* 



La misma decoración que en los anteriores, escepto los 
muebles, que serán pocos y modestos. 

ESCENA PRIMERA. 



DON JUAN. ROQUÍí. 

[Sale Roque con una maleta y don Juan lo detiene.) 



Roque. Ya creo que va de veras. 
Juan. Con que no hay apelación ? 

Roque. Nada, me ha dicho que lleve 

su equipage al parador, 

y que tome dos asientos 

para marcharnos los dos. 
Juan. No has podido convencerle? 

Le has hablado?... 
Roque. Sí señor ; 

pero lodo ha sido inútil. 

Si una vez dice que no, 

escusado es replicarle. 

Ha nacido en Aragón. 
Juan. Qué hace allá adentro ? 

Roque. Esperando 

el desayuno. 
Juan. Tomó 

mas temprano el chocolate? 
Roque. Lo ha tomado, sí señor. 

Jiiati. Y qué, se lo hizo mi esposa 

á su gusto ? 



'nal 



43 



\Roque. Eso faltó. 

Como nunca lo habia hecho^ 
sin encomendarse á Dios, 
para una jicara sola 

(un cuartillo de agua echó, 
de modo que, al presentar 
en la mesa aquel pilón 
de agua color de castaña, 
don Antonio me mandó 
que yo me pusiera á hacerlo, 
y sirvió de diversión. 
Veremos: acaso arregle 
el almuerzo algo mejor, 

Juan. Pero tú no le esplicaste 

el modo?... 

Roque. Y de qué sirvió, 

si ningún cuidado puso 
al oir mi esplicacion? 
Bien le dije: señorita, 
asi se frie el jamón, 
asi se monda el tomate, 
asi se limpia el arroz; 
al preparar el cocido 
esto se echa , lo otro no ; 
esta berza asi se lava, 
asi se pone el carbón 
para que, gastando menos, 
arda la lumbre mejor. 
En fin, de cuanto es preciso 
le fui dando relación; 
pero según estoy viendo , 
como que no me escuchó, 
me pienso que habrá sacado 
lo que el negro del sermón. 

Juan. Todo nos viene de molde. 

Mira, por amor de Dios, 
antes que tome el camino 
vuélvele á hablar. 

Ruque. Quiéu, yo? No 

Quiere usted que me despida? 
Cuando forma una opinión 
no hay santos que le convenzan. 



44 

Juan. 
Roque. 



Juan. 
Antonio. 



Juan. 
AntoJiio. 



Juan. 
Antonio. 

Juan. 



Yo no me atrevo. 

Ni yo. 
Alguien llega. Por si acaso... 
Voy corriendo al parador. 
{Vase llevando la maleta.) 

ESCENA II. 

DON JUAN. DON ANTONIO. 

Dónde va usted? 
{Sofocado.) A la fonda, 

á ver si puedo almorzar. 
Se me ha querido burlar, 
aunque la intención se esconda. 
Tío , pues qué es lo que pasa ? 
Que tu bendita muger 
es lo grande que hay que ver 
para arreglar una casa. 
Es lo mas original... 
Ya tengo para admirarme, 
si no ha querido jugarme 
un lance de Carnaval. 
El demonio no lo hiciera. 
Sabes qué almuerzo me ha dad 
un huevo medio quemado 
con una cebolla entera. 
Y luego por conclusión 
el mas estraño brevage... 
Como si hiciera un potage 
con las sobras de un figón? 
lo mismo: tomate crudo 
y patatas sin mondar, 
carne á medio salcochar, 
y yo no sé qué otro engrudo. 
Pues anda: otra rebujina 
para la comida espero. 
Zampando está en el puchero 
cuanto encuentra en la cocina. 
Dios eterno ! 

Ten cachaza. 
Una viña es tal inuger. 
Ay tio ! 



45 



Antonio. 

Juan, 
Antonio. 



Juan. 
Antonio. 

Juan. 
Antonio. 



Juan. 
Antonio. 

Juan. 
Antonio. 



Juan. 



Antonio* 



Roque. 

Antonio. 

Roque. 



Vas á comer 
pescado con calabaza. 
Con que asi?... 

Buena pregunta. 

Déjala: allá se las haya. 
Qué importa que junto vaya, 
si todo adentro se junta? 
Mas hará, si mas la estrechan. 
Deja que á su gusto acabe. 
Pero quién come?... 

Qué sabe 
el cuerpo lo que le echan ? 
Animas del Purgatorio ! 
Vamos, vístete ligero, 
porque presentarle quiero 

á mi amigo don Gregorio. 

Con que al fin?... 

Harta paciencia 

con vosotros he tenido. 

Y ahora?... 

Por donde he venido 

me marcho en la diligencia. 

Anda con Dios! (Suerte ingrata , 

para colmo de mis males 

me quedo con diez reales 

y una muger literata !) 

[Vase por la puerta izquierda.) 

ESCENA 111. 

DON ANTOISIO. LueQO ROQUE. 

Pobre Juan! El ver su estado, 
por Dios que me causa lástima ; 
pero yo debo ocultarles 
que mi corazón se ablanda. 
Sí, debo estirar la cuerda 
hasta ver por dónde salta. 
Está usted solo ? (Asomándose.) 
Entra, Roque. 

Acabo de ver al ama, 

y también he visto al chico. 



46 



Antonio. 
Roque. 

Antonio. 

Roque. 
Antonio. 



Roque. 
Antonio. 



Tiene una risa de pascua, 

y unos mofletes tan gordos... 

Da gusto el verle la cara. 

En la nariz y en la boca 

es de su padre una estampa. 

Pero el ama qué te ha dicho? 

Que hará lo que usted le mandí . 

Quedó vistiendo al chicuelo 

para venir sin tardanza. 

Pues bien, Roque, ya tú sabes 

lo que harás cuando yo salga. 

Descuide usted. Y el almuerzo? 

No me hables de eso palabra. 

Lo mismo que imaginamos. 

Si ahora de ideas no cambia^ 

es preciso renunciar 

desde hoy á domesticarla. 

Señor, muy duro lo veo. 

Yo también, y eso me alarma ; 

pero quizá entre en razón 

con la prueba que nos falta. 

Mira, yo voy á salir. 

Pronto mi sobrino acaba 

de aviarse, y, cuando venga, 

le dices que sin tardanza 

vaya á buscarme. Lo entiendes? 



Roque. 


Sabe dónde usted le aguarda? 


Antonio. 


Dile que almorzando estoj- 




en la fonda de la Habana. 




(Vase por el fondo.) 




ESCENA IV. 




ROQUE. Luego don juan. doña josefa. 


Roque. 


Cuánto va que no se queda? 




(Mirando al rededor de sí.) 




Qué limpio han dejado el cuarto! 




Ahora se puede correr, .m.>.' 




sin miedo de echar los trastos o\«oi 




á rodar. t!^ 


Juan. 


(Fítera.) Buena la has hecho! 



47 
Josefa» (Fuera.) Pues bien, si se ha incomodado , 

á fé que ya lo sabia. 

Yo no puedo remediarlo. 
Juan, (Sale poniéndose los bolones del cuello de la 

camisa. Doña Josefa con guantes y delantal.) 

Roque, dónde está mi lio? 
Roque. Ahora mismo se ha marchado, 

y en la fonda de la Habana 

dice que queda aguardando. 

Que no se tarde usted mucho. 
Juan. Dile que al momento salgo ; 

^ cuanto acabe de vestirme. 

Roque. Está muy bien. Voy volando. 
(Vase por el fondo.) 

ESCENA V. 

DON JUAN. DOÑA JOSEFA. 

Josefa. (Examinando el cuarto detenidamente.) 
Me dan ganas de llorar. 
Qué, si parece un mesón ! 
Otro maldito botón 
se me acaba de arrancar. 
Mi consola , mis floreros ! 
todo lo arrasaron, todo. 
Si se arrancan de este modo, .1 

me voy á quedar en cueros. 
Juan! 

Pepa ! 

A Dios ilusiones ! 
Da miedo de ver la casa. 
No sabes lo que me pasa? 
que me quedo sin botones. 
Quién me lo habia de decir ! 
Vamos, deja esa canción , 
y cóseme este botón, 
porque tengo que salir. 
Ya lo sabes que me espera. 
Cómo quieres que te cosa?... 
Muger, no seas fastidiosa. 
Cómo ! de cualquier manera. 



JÍ8 

Para dar una puntada 

es necesario estudiar? 
Josefa. Jesús, qué modo de hablar ! 
Juan. Pues si te asustas de nada, 

Josefa. (Llorando.) Dios mió! 
Juan. Sí , Hora, puja. 

Josefa. Qué, quieres que lo eche á risa? 
Juan. Si sabes que estoy de prisa. 

Vamos; preparas la aguja? 
Josefa. Voy allá. 
Juan. Pues cuanto antes. 

[Doña Josefa entra á buscar los avíos de costura : míen* 
tras don Juan da muestras de impaciencia.) 

Muger, quieres despachar? 
Josefa. (Saliendo.) Es que no podia encontrar... 
Juan. Qué, vas á coser con guantes? 

Josefa. No. (Quitándoselos.) 
Juan. Mi paciencia se apura. 

Josefa. Te enfadas? 
Juan. Pero muger... 

Josefa. Si temo echarme á perder 

las manos con la costura. 
Juan. Bien está. 

(Doña Josefa se pone á coser el bolón.) 
Josefa. (No me doy traza...) 

Juan. (Ya tenemos para rato.) 

Josefa. No hay medio. Por mas que trato... 
Juan. Todavía no ? 

Josefa. Ten cachaza. 

Si este maldito agujero... 

No te desvies asi. ^ 

Juan. A ver ? Si traes ahí 

la aguja de un esterero ! ' 

cómo la has de hacer pasar? 
Josefa. No hay otra. 
Juan. Buena respuesta. 

Josefa, Ya verás cómo entra esta. 
Juan. Esto es mucho fastidiar. 

{Doña Josefa intenta de nuevo coser el botón.) 
Josefa. Ya verás cómo ahora empiezo... 
Juan. Con ese lanzon maldito!... 

Josefa. Calla : ya ha entrado un poquito. 



Juan. Cáspita, que es mi pescuezo ! 

(Da un salto hacia atrás , y sumuger asustada deja caer 

la aguja.) 
Josefa. Ay ! 
Juan. Por vida !... 

Josefa. Te he hecho daño? 

Juan. Mira cuál sale la sangre. 

Corre, antes que me desangre, 

trae una venda ó un paño. 
Josefa. Aguarda. 
(Entra y vuelve á salir cortando con unas tijeras una 

camisa recien planchada.) 
Juan. £1 diablo me lleva. 

Josefa. Aquí está. Depon tus iras. 
Juan. Y vienes haciendo jiras 

una camisola nueva? 
Josefa. Lo primero que he encontrado. 
Juan. Márchate y déjame solo. 

Desde un polo al otro polo 

no hay hombre mas desgraciado. 

(Se acaba de vestir apresuradamente.) 
Josefa. Ay! qué he hecho yo. Dios eterno? 

Solo te vas á vestir? 
Juan. Sí ; porque quiero salir 

pronto, pronto de este infierno. 
Josefa. Pero, hombre, aguarda siquiera... 
Juan. (Una muger literata ! ) 

Josefa. Arréglate esa corbata. 
Juan. Voy bien de cualquier manera. 

Josefa. Qué! Tanta aversión te inspiro' 

Dónde vas? Esto es fatal. 
Juan. Voy á tirarme al Canal , 

y luego... á pegarme un tiro. 
(Sale don Juan apresurado. Doña Josefa queda algu- 
nos instantes meditabunda.) 

ESCENA VI. 

DOÑA JOSEFA. 

No hay remedio. Morir es mi destino. 
La suerte asi lo ordena. 
4 



50 

Mas vale cometer un desatino 

que no arrastrar tan bárbara cadena 

Soy para todo el mundo un embaraz 

Mi despiadado esposo 

me abandona furioso 

por haberle clavado un agujazo. 

Cuando me enamoraba, 

¡ ay! quién me lo diria 

que el que un amor eterno me juraba 

como á una fregatriz me trataría! 

Voy á morir, lo sé, no me acobarda 

la horripilante idea de la muerte. 

Para tan dura suerte 

su guadaña feroz mucho se tarda. 

Mañana el caminante 

llegue quizás con planta silenciosa , 

y al fijar una vez la vista errante 

en mi funesta losa , 

asi leerá sobre la tumba helada : 

«Yace aqui una heroina 

que murió por no dar una puntada , 

ni descender á entrar en la cocina. 

Respetad otra vez, míseros seres, 

la noble dignidad de las mugeres.» 

ESCENA Yli. 

DOÑA JOSEFA. ROQUE. 

Roque, Estaba la puerta abierta. 

Se puede entrar, señorita ? 
Josefa. (Nunca falta un importuno...) 

Adentro. 
Roque. El ama me envía... 

Vamos... no quisiera darla. 

Es una mala noticia. 
Josefa. Acabe ya de esplicarse. 
Roque. Pues, señor, como otros días.., 

me fui á ver al chicuelo... 

al niño que de usted cria... 

Ya se ve, le tengo ley; 

y como que ya en mi vida 



51 

i quizás volveré á Madrid... 

¡Josefa. Oh qué idea me ilumina ! 

Dios mió!... siga usted, Roque. 
Roque. Pues... quise por despedida 

darle un beso tan siquiera 

en sus frescotas raegillas. 

Angelito! Si parece... 

vamos... que me conocía. 
¡Josefa. Acabe usted. 
¡Roque. A eso voy. 

No estrañe usted, señorita... 

Las mugeres son muy malas, 

muy descastas , muy endinas. 

No porque usté esté delante ; 

pero el ama es una víbora. 

Y como ve que su madre 
lo abandona asi... qué vida 
le hace pasar la bribona ! 
Le maltrata y le pellizca , 
haciendo para que calle 
con él dos mil heregías. 

Y como usted no le quiere, 
porque le estorba y le evita... 

" vamos, eso que usted hace... 

Ya, ya le esperan fatigas. ' 
Josefa. [Después de una pausa , y como si desperta- 
ra de un sueño.) 

Es verdad, he sido ingrata; 

he sido una madre indigna, 

abandonando al nacer 

al hijo del alma mia. 
Roque. Y como usted se descuide 

tendremos una desdicha ; 

porque si ella no lo mata , 

se muere el chico en dos dias. 
Josefa. No, no, ya ha llegado el tiempo 

de reparar la injusticia 

que á los ojos de los hombres 

y aun del cielo me denigra. 

Sí, Roque, quiero estrecharle 

en mis brazos conmovida .^ 

Corra usted, que aqui le aguarda 



52 

su madre, que tendrá á dicha 

consagrarle hasta la muerte 

los instantes de su vida. 

Que venga , que venga al punto. 

Ya olro nuevo ser me anima, 

y á mis ojos se presenta 

un porvenir de delicias. 

No seré ya la muger 

de ideas necias y frivolas. 

Dios ha rasgado ia venda 

que me turbaba la vista. 

Soy madre, tengo un esposo... 

Mil veces. Señor, bendita 

la luz que mi alma penetra 

para volverme á la vida. 
Roque. (Vamos, ó yo estoy soñando, 

ó me turba la alegría.) 
Josefa. [Haciendo á Roque señal de que no se deten- 
ga.) Roque ! 
Roque. Sí, voy al instante 

á noticiar esta dicha 

á don Juan y h don Antonio 

pidiéndoles las albricias. (Vase.) 

ESCENA VIH. 

DOÑA JOSEFA. 

Oh qué tarde conocí 

mi torpe fascinación, 

la ridicula ilusión 

tras la cual ciega corrí ! 

Pero no es larde quizá. 

Dios, que me muestra el camino, 

con su espíritu divino 

mi frente iluminará. 

Pronto me veré dichosa 

cumpliendo con mi deber, 

pues que Dios me manda ser 

buena madre y buena esposí . 

Todo al cabo se concilia 



53 

cuando el cielo lo dispone. 

Ya que entre mis manos pone 

la suerte de una familia , 

consagrarle mi desvelo 

serán todos mis placeres, 

pues no tengo otros deberes 

que los que me impone el cielo. 

Trabajando noche y dia 

su ventura labraré, 

y de mi alma borraré 

la ilusión que me engreía. 
[Se dirige á un armario, y sacando unos libros y pape- 
les los pone sobre la mesa.) 

Mis papeles del armario 

voy ahora mismo á sacar, 

porque los quiero quemar 

todos, hasta mi diario. 

(Se queda mirándolos indecisa.) 

Obtendrá alguno perdón? 

Son de mi vida el destello... 

Qué haré... Ponerles el sello 

de eterna reprobación. 

No me apartes de mi intento. 

Dios mió, si es que me amas. 

Hasta ardiendo entre las llamas 

dirán mi arrepentimiento. 
(Los envuelve todos, y escribe en el de encima con mucha 
rapidez.) 

Testigos de mi locura , 

ya de vosotros reniego , 

y á las llamas os entrego 

para labrar mi ventura. 

ESCENA IX. 

DOÑA JOSEFA. LÜCÍ\. 

Lucia. Señorita, aqui estoy yo. 
Josefa. Ven; llegas á muy buen tiempo. 
Lucia, Como que esta misma larde 

me marcho para mi pueblo. 



54 

vengo antes á despedirme 

y á pedirle á usté un consejo. 
Josefa. Habla , Lucia ; no sabes 

cuánto en el alma me alegro 

de serte alguna vez útil, 

ya que con mi loco ejemplo 

también logré contagiarte... 
Lucia. Señorita, si no es eso. 

Josefa. Pues bien, habla: ya te escucho. 
Lucia. Mire usted, tengo un deseo 

de... si yo no sé esplicarme. 

Es el caso que en mi pueblo 

siempre me han tenido envidia , 

porque escribo y porque leo, 

la hija del boticario 

y la hermana del barbero. 

Me entiende usted? Pues ahora 

que ya hace mas de año y medio 

que falto de alli, quisiera , 

para darles mas tormento , 

que usted con una lección 

me enseñara... 
Josefa» A qué ? 

Lucia. A hacer versos. 

Josefa. Chica, estás en tu juicio? 
Lucia. Mire usted , yo pronto aprendo. 

Ahora ha heredado mi padre 

una casa y un majuelo, 

y puedo ya darme tono , 

sin decir que estoy sirviendo. 
Josefa. Lucia ! 
Lucia. Escúcheme usted 

y le diré lo que intento. 

Tratarme á lo gran señora ; 

coser? lavar! ni por pienso. 

Van á tenerme una envidia... 
Josefa. Se te ha trastornado el seso? 
Lucia. Vaya, usted qué me aconseja ? 
Josefa. ( Mostrándole el legajo que está sobre la 
mesa,) Mira, lee aquellos versos, 

y que ellos mismos te digan 
cuáles son mis pensamiento 



o5 

¡Lucia. Que los lea! Y para qué? 
¡Josefa. Lucía, acércate y léelos. 

(Lucía se aproxima á la mesa, y después de leer) 
Lucia. Y esto qué quiere decir? 

Josefa. Que ya se acabó aquel tiempo 

de ilusiones engañosas 

y de locos devaneos; 

que conozco los deberes 

que el mundo y Dios me han impuesto ^ 

y que de aqui en adelante 

consagraré mis desvelos 

á mi esposo y á mi hijo , 

porque consagrarlos debo. 

Si la desgracia nos sigue, 

con amorosos consuelos 

mitigaré nuestras penas; 

y en los quehaceres domésticos 

constantemente ocupada 

daré de virtud ejemplo. 

Qué mudanza, señorita! 

Si has de seguir mi consejo, 

abandona esas ideas 

que con ridículo empeño 

seguí, y quizás te he inspiraflo. 

Asi obtendrás el aprecio 

de los pocos que en el mundo 

tienen sano su cerebro. 

Dice usted muy bien ; y ahora 

de haber venido me alegro. 



ESCENA X. 

DICHAS. ROQUE. 

Por un loco desvarío... 

(Se oye la campanilla.) 
Es acá? 

Mira quién llama. {Vase Lucia.) 
[Entrando muy precipitado.) 
Señorita, aqui está el ama 
con el chicuelo. 



56 

Josefa. Hijo mío! 

[Se dirige corriendo á la puerta del fondo y desaparece 
por la derecha.) 

ESCENA XI, 



ROQUE. 

noque. Asi! En llegando á ver 

hoy don Antonio y don Juan... 
Qué ! De contentos que están 
no me lo quieren creer. 

(Se oye la campanilla.) 
Ya están aqui. Abre, Lucía. 
(Se asoma á la puerta del fondo.) 
Ahora desde este rincón 
voy á observar la impresión 
que les causa la alegría. 
Calla, y vienen acá dentro. 
No saben que ella está alli... 
Pues yo me voy por aqui, 
para evitar el encuentro. 
[Vase por la puerta izquierda.) 





ESCENA XII. 




DON JUAN. DON ANTONIO. 


Antonio. 


Vamos , eso no es creíble. 


Juan. 


Puede que Dios apiadado... 


Antonio. 


Qué ! Roque se habrá engañado. 




Ella... tan incorregible... 


Juan. 


En dónde estará, señor? 


Antonio. 


Yo no sé... 


Juan. 


{Llamando.) Pepa ! Pepita. 




Virgen de Atocha bendita. 




cuánto será mi dolor 




si no es cierto! 


(Se dirige á la puerta del fondo: don Antonio le detiene.) 


Antonio. 


Juan . escucha. 




Te lo has llegado á creer ? 


Juan, 


Y acaso no podrá ser?... 



57 

Antonio. Tienes confianza ? 
Juan. Mucha. 

Mi corazón es leal.,. 
Antonio. No te engañes, como sueles. 
(Repara en el legajo que está sobre la mesa, y llama ha- 
cia él la atención de don Juan.) 

Mira, mira los papeles í 

Ay. música celestial I 
Juan. Y es cierto! Maldita estrella! 

Antonio. Buena ocasión de quemarlos. 
Juan. [Dirigiéndose á cogerlos.) 

Yo mismo quiero agarrarlos 

y... calla... escrito por ella! 
(Leyendo.) 

«Testigos de mi locura, 

ya de vosotros reniego, 

y á las llamas os entrego 

para labrar mi ventura.» 
Antonio. Es verdad? 
Juan. Qué es lo que leo ! 

Mírelo usted. {Mostrando el legajo.) 
Antonio. Dios la inspira, 

Juan. Si me parece mentira! 

Lo estoy viendo y no lo creo. 

Pero dónde se detiene? 

ESCENA XIII. 

DICHOS. ROQUE. DOÑA JOSEFA. 



Josefa. 


[Fuera.) 




Entreténmelo un poquito. 


Boque. 


[Entrando.) 




Señorito, señorito. 




mire usted , por allí viene. 


Juan. 


(Abriendo los brazos.) 




Esposa del alma mia! 


Josefa, 


Tendiéndole los suyos.) 




ísposo del corazón ! 


Antonio. 


Se va entrando ya en razón? 


Josefa. 


Si, señor: Dios me la envía. 


Antonio. 


Si es eso verdad , transijo. 

* 



58 

Josefa. 

Antonio. 

Josefa. 

Antonio. 



Josefa. 
Antonio. 

Juan. 

Josefa. 

Antonio. 



Hoque. 

Antonio. 

Hoque. 



Con su gracia protectora 
yo viviré desde ahora 
para mi esposo y mi hijo. 
Chica , mira no sea cosa 
que luego nos des que hacer. 
Cumpliré con mi deber 
como madre y como esposa. 
Seré vuestro protector. 
Ya no nos separaremos; 
y á nuestra provincia iremos, 
que alli se vive mejor. 
(A clon Juan.) 
No creo que se desdeñe... 
Iré de muy buena gana. 
Tengo alli una buena anciana, 
y yo le haré que te enseñe. 
Oh, tio, tanta bondad ! 
Señor, tan noble indulgencia !. 
Roque, vé á la diligencia, 
y por cualquier cantidad 
di que te den cuatro asientos. 
Ya te premiaré tu ardid. 
Nos iremos de Madrid, 
que aqui corren malos vientos. 
Voy allá. 

Mira que vueles. 
Largo se me hace el camino. 

ESCENA ÚLTIMA. 



1 



(Vase.) 



DOÑA JOSEFA. DON ANTONIO. DON JUAN. 

Antonio. Dime, Pepa, y qué destino 

daremos á esos papeles? 
Josefa. Ya sobre ellos lo escribí. 
Antonio. Asi, cortar por lo sano. 

Y yo lo haré por mi mano, 

que no me fio de tí. 

Con que... 
Josefa. Oiga usted y no se irrite, 

Antonio. Adonde vas á parar? 
Jo sofá . IJ n libro q u i c i'o 1 1 e v a r , 



59 



Antonio. 
Josefa. 

Antonio. 
Josefa. 
Antonio. 
Josefa. 



t 



si es que usted me lo permite. 
Qué oigo! 

Mi estrella me inclina 
y hasta que su influjo cese... 
Ay , Juan ! Y qué libro es ese ? 
Es... un arte de cocina. 
Respiro; y pues no se trata... 
No, señor, sé mi deber. 
y desde hoy renuncio á ser 

UNA MUGER LITERATA. 




—Hijo predilecto.— Hijos de Eduardo.— Hijos de Satanás.— Hombre de bien.— Hom- 
iHombre de mundo.— Hombre mas feo de Francia.— Hombre misterioso.— Hombre 
lombre feliz. —Honor español (comedia).— Honor español (alegoría).— Honona.—Hon- 
;ho.— Hostería de Segura.— Haz bien sin mirar á quién.— Hombre propone.— Hija de 

saciónos.— Incertidumbre y amor.-Independencia.— Independientes.— Infanta Ga- 
i-iga y amor.— Intrigar para morir.— Ir por lana.— Isabel de Babiera.— Yerros de la 
-Ya murió Napoleón. . ., t T^ i i t 

l[I — Jadraque y París.— Juana de Castilla.— Juana y Juanita.— Juan Dándolo.— Juan 
-Juan de Padilla.— Judía de Toledo.— Juglar —Juicios de Dios.— Jusepo el Veronés.— 
ita Gadea.— Justicia aragonesa.— Juan el tullido.— Juego de la gallma ciega. 
de' Carnaval.— Lázaro el pastor.— Lealtad de una mujer.— Libelo.— Loca de Londres.— 
a —Lobo marino.— Lo vivo y lo pintado.— Lucrecia Borgia. — Lucio Junio Bruto.— 
is onceno.-^Llueven boistones.- La pasión y muerte de Jesús.— Los dos primos.— 

an^—Macías.— Madre de Pelaya.— Magdalena.— Makbet.— Mansión del crimen.— Mar- 
Liái de los tres.— Marcelino el tapicero.— Margarita de Borgoña.— María Remond.— 
la bailarina.— Marido de mi mujer.— Marido y el amante.— Marino Fallero.— Massa- 
s vale llegar á tiempo.— Máscara reconciliadora.— Matamuertos y el cruel.— Mateo, o 
Espagnoleto.— Matilde.— Me voy á casar.— Me voy de Madrid.— Médico y huérfana.— 
itraordinarias.— Mejor razón la espada.— Memorias del diablo.— Memorias de un co- 
-morias de un padre.— Mentir con noble intención.— Mercader flamenco.— Mi Dios 
Tipleo y mi muier.— Miguel y Cristina.— Mi honra por su vida.— Mi Secretario y yo.— 
ie Madrid —Mi tio el jorobado.— Molinera.— Molino de Guadalajara.— Morisca de Ala- 
íedades de Hernán Cortés.— Muérete y verás.— Mujer de un artista.— Mujer gazmo- 
|r literata.— Mulato.— Mauregato, ó el feudo de cien doncellas.— Maestro de esgrima.— 
i^ baile —Mancho, piso y quemo.— Mesa giratoria.— Martirios del corazón. 
o ni el sobrino.— Noche toledana.— No ganamos para su^os.— No hay mal que por 
^nga —No hay humo sin fuego.— No mas mostrador.— No mas muchachos.— No siem- 
)r es ciego.— Novia de palo.— Novio y el concierto.— No hay vida mas que en París.— 
erano.— Nuevo sistema conyugal.— Novio de China. 

cual noble aun con celos.— Ocasión por los cabellos.— Odio y amor.— Ohva y el lau- 
K casa con dos puertas.— Otro diablo predicador.— Ocasión. 

ílmarino.— Pablo V Paulina.— Paciencia y barajar.— Pacto del hambre.— Padree hijo.— 
I: la novia.— Padrino á mogicones.—Page.— Palo de ciego.— Pandilla.— Parador de Bai- 
ia —Parte del diablo.— Partidos.— Para un traidor un leal.— Partir á tiempo^Pascual 
ía —Pata de cabra.— Pedro Fernandez.— Pelo de la dehesa, i." parte. — Pelo de a 
" parte.— Peluquero de antaño.— Pena del Talion.— Perder y cobrar el cetro. — Perla 
ona —Periquito entre ellos.— Perros del monte de S. Bernardo.— Pesquisas de Patri- 
Lielo de París. —Plan de un drama.— Plan , plan.— Pluma prodigiosa.— Pobre preten- 
Poeta V beneficiada.— Polvos de la madre Celestina.— Ponchada.— Por el y por mi.— 
-pilcarse —Por no decir la verdad.— Pozo de los enamorados.— Premio del vencedor.— 
bre.— Primera lección de amor.— Primero yo.— Primeros amores.— Primito.— Principe 
—Probar fortuna.— Pro y contra.— Proscripto.— Protestante.— Pruebas de amor con- 
'untapié y un retrato.— Puñal del godo.— Por derecho de conquista.— Pava truíada.— 
( de un reinado.— Programa de Manzanares. ,^ . , ■ ■ 

irán.— Qué hombre tan amable.— Quien mas pone pierde mas.— Quiero ser cómica.— 
ir cómico.— Quince años después.— Quien á cuchillo mata. ^ .,,. 

líete y la carta.— Redacción de un periódico.— Redoma encantada.— República conyu- 
V monge.- Rey loco.— Rey se divierte.— Rey y el aventurero.— Reina por íuerza.— Re- 
i-Ribera ó la fortuna, etc.— Ricardo Darlington.— Rico por fuerza.— Rigor de las desdi- 
oberto D'Ar te velde.— Roberto Dillon.— Rodrigo.— Rosmunda.— Rueda de la fortuna, \. 
ilueda de la fortuna, 2." parte.— Robert Macaire.— Rey de los azotes.— Retratos y ori- 

-Samuel.—SanchoGarcía.—Santiagoel corsario.— Secretarioprivado.—Segundoaño.- 
I dama duende— Ser buen padre y ser buen hijo.— Siglo XVHI y siglo XIX —Simón Bo^ 

Simpatías.— Sin nombre.— Sitio de Bilbao.— Sociedad de los trece.— Sofroma.— Sola- 

in prisionero.— Solitarios, zar^weto.— Soltera, viuda y casada.— Solterona.— Soprano.— 
í-Soto.— Soto mayor.— Stradella.— Shakespeare enamorado.— Si te pica, ráscate.— Salve- 
ipueda.— Soy yo, ^arjzweía.-Santiaguillo, sarjswe/a. ^ o i 

o vales cuanto tienes.— Tasso.— Teodoro.— Testamento.— Tienda del rey don Sancho.— 
; Bengala.— Tío Marcelo.— Tío Tararira.— Todo es farsa en este mundo.— Toma y daca.— 
groma.— Toros ycañas.— Tran Tran.— Tras él á Flandes.— Travesuras de Juana.— Tren^ 
is cabellos.— Tres enemigos del alma.— Trovador.— Tu amor ó la muerte.— Tumba sal- 
Tutora. — Tomás el montañés. , , „ ,, 

ria— i ¡Vaya un par! ¡—Vellido Dolfos.— Veneciana.— Venganza de un caballero.— V en- 
le un pechero.— Ventorrillo de Alfarache.— Ventas de Cárdenas.— Vengar con amor sus 
Vicente Paul, ó los espósitos.— Vaso de agua.— Verdad por la mentira.— Verdad vencQ 
cías.— Vieja del candilejo.— Vigilante.— Viriato.— Virtud en la deshonra.— Visioparia.-^ 



' 



Wo%t ^f;f„"]*'»-^^I«n'"> «1 suarda costas.-Ver para creer.-Víctima de la ca 

Un alma de artista.— Un año y un dia.— Un artista —Un dpc;níin rin ^:. ^^ 
de 1823,-Un francés en Cartageía.-Un liberal -Un rnin^sUr^Vm %7^' 

Un novio para la nina.— Un novio á pedir de boca.— Un par de a]haia< ní S I ^^ 
Un poeta y una mujer.-Una onza á terno seco.-Un reáito en S^dT 11^^ "" ^ 
do.-Un secreto de familia.-Un tercero en discordia -Un tio en Ind^^c Tr " ^^''''^^'' 
los II.-Una ausencia-Una boda improvisada?-üna cadena'-uía v^^^^^^^ 
y no mas.-Una mujer generosa.-Una noche en Burgos. -Una retirada 'í t,>mnn 
no consp.ra.-Un verdadero hombre de bien._Un cambio de maíf- Un Jes3 7r 
como liay muchos.-Un trueno.-Un baile de candiI.-Ultima™a"averada -Una peTla 
§o.-Una noche y una aurora.-Union liberal.-Un pie y un zapato ^ 

Zaida.— Zapatero y rey, i .a parte— Zapatero y rey, 2.a parte. ' 

ESTA OiiLERIA 
Consta de mas de 600 producciones , de las que se han formado • 

¿« T''^ 1 ^''^''''* antiguo español de Tirso de Molina, á U 
80 Ídem de moderno español, á 20 rs. cada uno. '"''""''' ^ ^ ' 
40 Ídem del esírang-ero, á 20 rs. cada uno. 

Se vende en Madrid , en las librerías de CUESTA y RÍOS calle de C 
y en las provincias en los puntos siguientes : 

Bertrán. - Fer^a™,' Oyirvide. - ZaV=a|."a/víurde^t?e™ia y Ya'^üe™"'''' ' ''""'"' 

En las mismas librerías se venden las obras sieiiienles- 

ISossi : Derecho penal, 2 tomos, 36. 
Astronomía de Ara^o: un tomo, U. 

— 1 I» T .«"e Esppoiiccd.-. , con su retrato y biosrafía un tomo 
Krr^jL^V ".'""* K»<''-is,.cí ISiibi : un tomo ,¡o. ' 

Kccucrdos y fa.Uasias por D. José Zorrilla; un tomo, 1¿ 

BÍL»Í *""f-''''*^ *■* P"' «' ™''^™0' »n 'orno. <0. 

t" Aía7o7 '.h?/'* ',* ''.""" «"S»"!» Hárlícbusch: un tomo, 20 

El do^ma de ios hombres libres : un tomo 8 

J^^^'*"'''^^''^ ""^ "^^^J^? ^^ ^«' hombres libres: un tomo, 6 
ComposicioBies del Estudiante , en verso y prosa : u¿ t¿mo 4 2 
Tauromaciuia de Montes: un tomo , U ' 

Memorias del príncipe de la Paz : seis timos , 70; 
Arte de declamación, por Latorre, un folleto, 4